PROCESANDO

CARACULIAMBRO EN TERCIOPELO

Caraculiambro es un personaje fugaz de “Don Quijote de la Mancha”, libro de Miguel de Cervantes, como bien sabemos. Este aparece en el capítulo primero, apenas cuando Quijada estaba creando su álter ego. Para aquellos que no lo recuerden, Quijada es el viejo que se convertiría en el caballero andante.

Una vez ha elegido a la que será su doncella, Dulcinea del Toboso, imagina una primera situación con la dama. Ahí aparece Caraculiambro, un gigante que luego de ser vencido por el Quijote, acude donde la doncella para contarle su derrota. Esta es la rápida, pero no por eso vana (o por lo menos no para mí), aparición de este personaje.

Tomado de YouTube del canal Fel Sar

“LAS NOTAS DE CARACULIAMBRO”

Debido a lo anterior, esta columna se llamará “Las notas de Caraculiambro”. Pues, gracias a mis inconclusos estudios universitarios en filosofía, a veces me siento tan irreal como un ser imaginado por otro ser imaginario. Por otro lado, generalmente soy vencido por sueños ajenos.

Pero, también, porque estoy seguro de que en algún tiempo seré el gigante que, derrotado por un enclenque viejo, su relevancia radicará en llevar el mensaje de triunfo de su contrincante. ¡Ah! Y no olvidemos, claro está, que el nombre Caraculiambro parece representar la cara de culo que tengo en muchos momentos.

Por todo esto, aquí podré expresar mis vacuas, efímeras e intrascendentales opiniones. Tal vez no sean vitales, y por momentos anacrónicas, pero les aseguro que siempre serán viscerales. Encontrarán aquí mis frustraciones y mis logros; mis esperanzas y mis desilusiones; y, por supuesto, las verdades que tengo por decir y las ficciones que invento para hacer más llevadero esto que llaman realidad. Pues la vida puede ser tan paradójica y frustrante que, finalmente, elegimos una mentira como sentido de la existencia.

Tomado de YouTube del canal Tiendas Peru

CARACULIAMBRO EN UNA ANÉCDOTA

Finalmente, quisiera contarles algo que me sucedió y que podría resumir lo que serán mis próximas columnas, de las cuales prefiero no prometer mucho, pues, como muy sabiamente una compañera de trabajo decía: “A mayor expectativa… mayor desilusión”.

Cuando me gradué de la secundaria ya había cumplido la mayoría de edad (un viejo de 19 años, y eso sin contarles que el pregrado lo terminé con 34) y en mi país (la corrupta y fantástica Colombia), existe la figura del servicio militar obligatorio, al cual yo no tenía ninguna opción de salvarme, por ser mayor de edad y porque no tenía patología que lo impidiera (en mi escaso conocimiento me bastaba con pensar que tenía las dos bolas, que no era cojo y que no estaba loco).

Tomado de YouTube del canal Shcastro

Así fue como estuve unas dieciocho horas metido en un coliseo, esperando decidir mi situación con el ejército. Aunque, en el fondo sabía, que era uno de los elegidos para dotar de botas y fusil e irse al monte a dar bala a la guerrilla.

Resignado, decidí ver el lado positivo: ¡Viviría una experiencia con la cual soñé de niño… seré militar! Tal como aparece Caraculiambro en el Quijote, mi ilusión desapareció al instante. Uno de los encargados gritó: “¡Firmen aquí y adiós! No necesitamos más gente”. Increíblemente, y para los que saben de Colombia, esto pasó durante la primera presidencia de Álvaro Uribe Vélez.

¿¡Lo pueden creer!? ¿Es posible que, decidido a ser militar, me nieguen la opción aún estando de presidente un personaje que su discurso se basó (y se basa) en la guerra? Así se resume mi vida… tropezones en situaciones que parecen irreales. Bienvenidos entonces a “Las Notas de Caraculiambro”, gracias por el tiempo y los espero el próximo sábado.

*Imagen portada: bbva.com

2 Responses

  1. Esperando los próximos saltos (o no), Caraculiambro.
    Muy bueno!

  2. Excelente.

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