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MARK ROTHKO Y LA VISCERALIDAD DEL COLOR

“Sólo la imagen abstracta puede representar la naturaleza fundamental del drama humano.”

Mark Rothko

Dar a luz una emoción o mascullar en la intensidad de un pensamiento a partir del color es algo que Mark Rothko logró, indiscutiblemente, con sus obras.  

El legado artístico y pictórico que el artista estadounidense nos ha dejado es uno que busca la comunicación profunda con el espectador y uno que no se observa en las casas de arte: se experimenta.

Photo by: LOFF

EN BÚSQUEDA DEL COLOR

Markus Rothkowitz nace el 25 de septiembre de 1903, en el seno de una familia judía de Dvinsk, en el imperio ruso. Los Rothkowitz llegan a Estados Unidos en 1913, escapando del antisemitismo, y se instalan en Portland, Oregon. Su padre muere solo unos meses más tarde, dejando a su madre la tarea de criar a los niños Rothkowitz.

El joven Markus era un estudiante brillante y con una inclinación por la política y las ideas progresistas. Gana una beca para estudiar en la prestigiosa universidad de Yale, pero rápidamente renuncia a continuar sus estudios escandalizado por el elitismo y el antisemitismo. Es así que termina en Nueva York, para “deambular, vagar y morir un poco de hambre”.

Photo by: LOFF

Es en el furor artístico de Nueva York que Rothko empezará a florecer. En los años 20’s, Nueva York es el epicentro del movimiento artístico moderno, con museos y galerías rebosantes de conocimiento e inspiración para un joven artista. Además, Rothko tendrá la oportunidad de toparse con artistas como Adolph Gottlieb, Barnett Newman y Milton Avery.

Al principio, sus obras eran figurativas, inspiradas por paisajes urbanos, y más influenciadas por el surrealismo que por el expresionismo abstracto, por el que sería famoso algunos años después. No será sino hasta mediados de los años 30’s que Rothko empieza a adoptar su reconocido estilo.

Franjas de colores monumentales y contrastantes, rectángulos radiantes suspendidos en una nube cromática, bordes que se desvanecen al mirarlos y profundidades oscuras que absorben al observador.

De tanto buscar, Rothko había encontrado algo, en lo más profundo del alma humana. “El hecho de que mucha gente rompa en llanto cuando se confrontan a mis pinturas, muestra que puedo comunicar esas básicas emociones humanas. La gente que llora frente a mis pinturas está teniendo la misma experiencia religiosa que yo cuando las pinté”.

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SU PROPIA TRAGEDIA

Ya para los años 50’s, Rothko era uno de los artistas más aclamados de su época. Tanto así que, el artista, fue escogido por la compañía de licores Seagram’s para pintar una serie de murales monumentales en el lujoso hotel Four Seasons.

Todo por lo que hoy serían más de 2 millones de dólares. Además, Rothko tenía la visión de llenar un espacio con sus pinturas. Quería crear una especie de mausoleo en donde explorar la emoción y la tragedia humana. Sin embargo, después de comer en el restaurante con su esposa, y escandalizarse con el elitismo y el ambiente pretencioso del restaurante, Rothko abandonaría el proyecto.

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Su gran proyecto se realizaría finalmente en lo que hoy se conoce como la Capilla Rothko, en Houston, Texas. Desafortunadamente, el artista nunca la verá finalizada, pues se suicida en 1970, a los 66 años. En esa época, su salud ya sufría por años de beber y fumar en serie, y su segundo matrimonio acaba de terminarse.

Pero tal vez, solo tal vez, Rothko había ahondado demasiado en el lado más oscuro del ser humano. Todo para traernos a la vida y en color, lo más visceral de la emoción humana.

18 PULGADAS DE DISTANCIA

Conexiones significativas, eso era lo que Rothko buscaba con cada una de sus piezas. Las columnas, el uso del color es, desde dramático hasta íntimo, con él, con el espectador y con la obra misma. Quizá por esta misma idea contemplativa de las sensaciones en su obra, es que el mismo Rothko aconsejaba ver sus obras a 18 pulgadas de distancia, unos 45 centímetros.

Photo by: LOFF

El museo de arte moderno (The Museum of Modern Art) consideró que el autor sugería estas 18 pulgadas “tal vez para dominar el campo de visión del espectador y así crear un sentimiento de contemplación y trascendencia”.

Grandes figuras flotantes, inmensos rectángulos que se imponen ante el espectador para sacar a la luz las más básicas de las emociones. Eso es exactamente la descripción de una experiencia al enfrentarse a una pintura de Rothko. “Estoy interesado en expresar las grandes emociones: tragedia, éxtasis, fatalidad, etc.” Diría el artista.

Photo by: Quartz

Que su obra sea tan abismal, y navegue por nuestros más espesos afectos, no le quita a la obra de Rothko su irreverencia.

El artista siempre buscó que los críticos de arte, los grandes imperios artísticos, esos que intentaban ponerles palabras a sus piezas, terminaran siendo una burla de ellas mismas. La obra se mofaba de ellos y de sus pomposas palabras.

Photo by: LOFF

Al conversar con el curador William C. Seitz, Rothko dirá: “Uno no pinta para estudiantes de diseño o historiadores, sino para seres humanos y la reacción en términos humanos es lo único que es realmente satisfactorio para el artista”.

MARK ROTHKO’S MURALES PARA SEAGRAM , 1958–59. EN EL THE TATE MODERN, LONDRES.
Photo by: TATE LONDON

OBRAS VIVAS

Después de una vida entre la visceralidad de las emociones, detalles figurativos y cavilaciones existenciales, lo que Mark Rothko nos deja es una experiencia artística que busca el desapego del ego y la observancia de las emociones.

Photo by: Getty Images

Las pinturas de Rothko son obras que aun cuando no estás cerca, las sentirás vivas. Tienen una presencia permanente.

Artículo por: Helena Rodríguez

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